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La Venganza De Galileo

Galileo Galilei (1564-1642) es ampliamente conocido por los descubrimientos de los cráteres de la Luna, por descubrir cuatro de las lunas de Júpiter, por el supuesto "experimento" de lanzamientos de pesas desde lo alto de la llamada Torre Inclinada de Pisa, y muchos otras contribuciones científicas en la astronomía, matemáticas, y física. 

Galileo está también inevitablemente conectado con la "invención" del telescopio, y más notablemente conocido por los descubrimientos que hizo cuando metódicamente comenzó a observar los cielos nocturnos con la ayuda de sus nuevos artefactos ópticos. Con sus telescopios bajo constante perfección también descubrió e hizo muchos dibujos las irregularidades de la superficie lunar, como cráteres y valles.  Las cuatro lunas de Júpiter que descubrió entre 1609 y 1610 son: Io, Europa, Ganimedes, y Calixto; a esas lunas se les llama las lunas Galileanas en su honor.

El dudoso "experimento de la Torre de Pisa" supuestamente consistió en dejar caer dos bolas de pesos diferentes —y posiblemente materiales diferentes— bolas de una y diez libras, dicen algunos desde la Torre Inclinada de Pisa, con el objetivo de demostrar que tocarían tierra a la misma vez, y no como nuestra intuición nos dice que la más pesada tocaría tierra primera.

Sin embargo, hay un largo debate sobre la veracidad de la narrativa de este experimento porque él nunca lo mencionó, y porque a ese tiempo no habían medios exactos capaces de decir o medir la diferencia en tiempo cuando las bolas tocaran tierra. Por otro lado, similares experimentos fueron llevados a cabo por Benedetti Giambattista en 1553 y por Simon Stevin en 1586. Quizás, para Galileo, fue un "experimento mental"

Pero hay un evento transcendental en la vida de Galileo que lo involucra no solamente a él sino también a las autoridades clericales de su época: es la acusación y la abjuración de Galileo de sus ideas astronómicas porque estaban en contra de las enseñanzas de la Iglesia Cristiana. Pero antes de profundizar en esto, traigamos a escena unos hechos históricos que desembocaron en la confrontación entre Galileo y la Iglesia Romana.

La contribución de Copérnico

 Nicolaus Copernicus (1473-1543) recibió en sus manos una copia del "trabajo de su vida" el libro De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestiales) donde planteaba los fundamentos de un sólido sistema solar heliocéntrico donde él colocaba  el Sol —y no la Tierra, como era comúnmente aceptado— como centro alrededor del cual todos los demás planetas giraban.

Se dice que él recibió el primer ejemplar impreso el mismo año de su muerte. El libro de Copérnico está entre los grandes libros que han cambiado la historia y ha traído un candente debate que aún hoy para algunos fundamentalistas no está del todo dilucidado.

Sin embargo, el trabajo de Copérnico tenía unas contribuciones previas sobre las que Copérnico descansaba. Entre ellos estaban los pensadores tan lejos en los tiempos como Aristarco de Samos (310 AC - ca. 230 BC) —quien es considerado el verdadero predecesor de Copérnico, y así llamado el Copérnico griego, Seleuco (ca. 358 BC–281 AC), Juan Filopón (490-570), y otros. Pero en los tiempos de Copérnico, el Universo ni consideraba ni concebía sin un centro. Pero Copérnico desplazó la Tierra del centro del Universo. Sin embargo, la distancia de la Tierra al centro del Universo era pequeña en comparación con las estrellas fijas.

Copérnico había completado su monumental obra 36 años antes de su publicación. Pero él se abstuvo de publicarla porque "quizás era mejor seguir el ejemplo de los Pitagóricos y otros".

Su gran obra "De Revolutionibus orbium coelestium" fue publicada at the earnest solicitation de dos clérigos, el Cardenal Schömberg y Tiedemann Giese, Obispo de Culm. Estaba dedicado con permiso al  Papa Paulo III para que, como Copérnico lo explicó, que fuera así protegido de los ataques que de seguro iba a encontrar de parte de los "matemáticos" (i.e. filósofos) por su aparente contradicción a la evidencia de nuestros sentidos, y hasta nuestro sentido común.1

Plantear que la Tierra no es el centro del Sistema Solar no es simplemente un ejercicio de sustituir un cuerpo cósmico por otro: la nueva astronomía no era un simple ejercicio geométrico de intercambiar puntos de referencias.

El nuevo movimiento planetario de Copérnico implicaba que la Tierra no estaba estática, que la Tierra se movía, y esas aseveraciones eran difíciles de creer porque nosotros no sentimos ningún movimiento bajo los pies. Lo que a diario vemos es el Sol salir por un lado del horizonte y ocultarse en la tarde por el lado opuesto.

Nosotros no sentimos la Tierra moverse bajo los pies, nosotros no sentimos que nos movemos hacia ningún lado. De hecho, lo que sí sentimos es como estar en el centro de todo. Pero si todo el mundo siente lo mismo, entonces no hay un solo centro, así que algún tipo de ilusión óptica o sensorial nos debe estar rodeando. En los tiempos de Copérnico no había forma para contra-argumentar a los que decían que una Tierra en movimiento dejaría tras de sí a la atmósfera.

Copérnico no incluyó ninguna prueba de que la Tierra se está moviendo alrededor del Sol ni rotando sobre su eje: para esos tiempo no habían medios determinantes para demostrar esos hechos. Le tocaría a Friedrich Bessel en 1836, y a León Foucault in 1851 crear simples demostraciones para esos conceptos respectivamente.

Así que hasta aquí, no había confrontación entre la ciencia y la religión, por lo menos, en forma visible o sin polémicas mayores, principalmente porque las ideas de Copérnico eran algo inofensivas porque al final del camino no habían evidencias físicas para demostrar sus axiomas.

Pero casi medio siglo después ...

Portada del libro "El mensajero de los astros" de Galileo, el primer libro en demostrar que existen otras lunas en nuestro Sistema Solar.En marzo de 1610, Galileo publicó su pequeño libro Sidereus Nuncius (El mensajero de los astros), el libro donde él incluyó los bosquejos que había hecho de los cráteres lunares y sus descubrimientos de las lunas de Júpiter.

Sidereus es un pequeño libro con un notable título largo (Sidereus Nuncius es solamente el comienzo). En el largo título del libro él usa el término Perspicilli que es el plural de Perspicillum, el término previamente usado para telescopio hasta que Della Porta introdujera el término telescopium en 1611.

Ahora se sabe que Galileo no fue el primero en usar el telescopio observar la Luna  y hacer dibujos de sus irregularidades, pero fue el primero en hacer un compendio sistemático de sus observaciones y de seguir metódicamente las lunas de Júpiter.

Algunos autores insisten en que Galileo no entendía completamente el verdadero comportamiento óptico de los telescopio que usaba, pero la realidad es que eso no fue desventaja para usarlo completamente para crear y escribir tan revolucionario trabajo.

La aparición de ese libro inmediatamente desató una controversia ácida por tres razones principales:

  • La Luna estaba mostrada con muchas imperfecciones en su superficie, contrario a la creencia escolástica en una esfera pura,  suave y redonda. 
  • Mostraba que habían montones de estrellas ocultas a simple vista, cuestionado indirectamente la creencia de que los cielos nocturnos fueron creados por Dios para el disfrute de la humanidad. Si ese es el caso, ¿entonces cuál es el uso de las estrellas que no podemos ver excepto con los telescopios? 
  • Mostraba que Júpiter tenía lunas, así que hay otros "sistemas solares" allá afuera.

Copérnico versus la Biblia y Galileo versus la Iglesia Católica

Si el libro de Copérnico colocando el Sol  en el centro del Sistema Solar —removiendo así la Tierra de esa posición central— estuvo dedicado al papa Paulo III y fue bien recibido, entonces ¿por qué Galileo tuvo tan mala suerte cuando fue llamado a las cortes inquisitoriales? Bueno, fue materia de tiempo; alguien, en algún momento tenía que responder por esas ideas tan retadoras. Hacia atrás en tiempo, en 1616, Sobre la revolución de las esferas celestiales fue colocado en el Índice Eclesiástico de libros prohibidos "hasta que fuera corregido". Así que la semilla de la confrontación entre la ciencia y la religión ya había germinado en el libro de Copérnico; pero ahora solamente estaba Galileo para responder las preguntas de la Iglesia.

La oposición al libro de Copérnico y la confrontación con Galileo era parte de dos controversias diferentes.

  • Martín Lutero (1483-1546) y Philipp Melanchthon  se oponían a Copérnico en bases bíblicas.
  • La Iglesia Romana se oponía a Galileo porque sus puntos de vista estaban contra el tradicional apoyo a Aristóteles y al sistema geocéntrico ptolemaico.

El conflicto entre la Biblia Josué ordenándole al Sol a que se detenga. Una interpretación artística del pintor francés Joseph-Marie Vien. y Copérnico estaba basado en el Libro de Josué (10:13),

13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero.

y en Isaías (38:7-8) :

7 Esta será para ti la señal del Señor, de que el Señor hará lo que ha dicho: 8 He aquí, haré que la sombra en las gradas, que ha descendido con el sol en las gradas de Acaz, vuelva atrás diez grados. Y la sombra del sol retrocedió diez grados en las gradas por las que había descendido.

En esta confrontación explícita de los versículos de la Biblia contra Copérnico, Lutero y Melanchton, inevitablemente llevaron a oponerse a él, y en contra de la ciencia y el razonamiento, argumentando sobre la base de la pura fe solamente. Martín Lutero estaba tan convencido de la credibilidad de la Biblia y la incorruptibilidad de los cielos que se le atribuye se refiere a los cometas como "estrellas ramera y obras del diablo".

Por otro lado, la confrontación con Galileo se basó principalmente en otros motivos más refinados: la física de Aristóteles. Para ello, en 1611, el cardenal Roberto Belarmino, teólogo jefe de la Iglesia, pidió a los matemáticos jesuitas y amo a los astrónomos estudiar en detalle las demandas de Copérnico y Galileo por el antagonismo evidente con la Biblia y las doctrinas de Aristóteles y Pitágoras.

La abjuración de Galileo

La controversia entre Galileo y los jesuitas (antiguos amigos y admiradores de él) creció un hasta que fue llamado a Roma. El enfrentamiento se inició y tomó un impulso inevitable que incluso hoy parece imposible de detener. Muchas opiniones, la investigación y el debate está todavía en la consideración pública. Hay cientos de artículos, libros, pinturas, poemas, incluso teatro, sobre el juicio de Galileo, por lo que nuestra preocupación aquí es el texto de la retractación (los últimos párrafos), porque resumen los agonizante últimos días de Galileo.

Yo, Galileo, hijo de Vincenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, interrogado personalmente en juicio y postrado ante vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana contra la herética perversidad Inquisidores generales; teniendo ante mi vista los sacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios, seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia.

Pero, como, después de haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no podía mantener, defender o enseñar de ninguna forma, ni de viva voz ni por escrito, la mencionada falsa doctrina, y después de que se me comunicó que la tal doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de la mencionada doctrina perniciosa y aporto razones con mucha eficacia a favor de ella sin aportar ninguna solución, soy juzgado por este Santo Oficio vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y se mueve. Por lo tanto, como quiero levantar de la mente de las Eminencias y de todos los fieles cristianos esta vehemente sospecha que justamente se ha concebido de mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, de todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia. Y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de viva voz o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda sospechar de mí; y que si conozco a algún hereje o sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre.

Juro y prometo cumplir y observar totalmente las penitencias que me han sido o me serán, por este Santo Oficio, impuestas; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, que Dios no lo quiera, me someto a todas las penas y castigos que me imponen y promulgan los sacros cánones y otras constituciones contra tales delincuentes. Así, que Dios me ayude, y sus santos Evangelios, que toco con mis propias manos.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado y prometido y me he obligado; y certifico que es verdad que, con mi propia mano he escrito la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva este 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado por propia voluntad. 2

¿Se puede abjurar en la ciencia?

Galileo fue el autor de muchos libros: El mensajero sideral es solo uno de ellos. Otras obras incluyen Cartas sobre las manchas solares, Discurso sobre las mareas, Discurso sobre los cometas, El ensayador, Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, Diálogos sobre dos nuevas ciencias. Es decir, Galileo estaba bien relacionado con los "discursos", así que su "abjuración" frente a los Tribunales de la Inquisición, fue quizás el último y mejor discurso.

¿Quién verdaderamente puede confiar en Galileo cuando él dice que ...

Pero, como, después de haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve ...

¿Quién está abjurando? ¿Galileo? ¿El mismo que una vez escribió y ardientemente debatió en favor de lo que ahora está renunciando?

Galileo era un hombre de ciencia, y aún cuando estaba " interrogado personalmente en juicio y postrado ante vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales" seguía siendo un hombre de ciencia. Pero seguramente como prolífico hombre de ciencia que era él sabía que sus palabras iban a ser grabadas para la posteridad, como su Mensajero de los astros lo fue.

Por lo tanto, con su presencia ante el Santo Oficio él estaba escribiendo el discurso de sus vida. Su "retractación" tenía un propósito subyacente: al ser "interrogado personalmente en juicio" él estaba usando el poder de la Iglesia para proyectarse a sí mismo por siempre en la posteridad.

Seguramente él imaginó que algún día, de alguna manera desconocida, alguien sin duda demostrará lo que él y Copérnico fueron incapaces de hacer. Y este fue el caso: como se mencionó anteriormente, Bessel, Foucault, y Newton estaban entre los muchos que sentaron las bases de una ciencia nueva y sólida de los cielos y una nueva filosofía de la ciencia sobre la base de Copérnico y Galileo.

Sin embargo, Galileo ara también el padre de dos monjas, por lo que, ciertamente, no las iba a dejar sufrir por siempre por sus acciones. La paternidad es muy fuerte a esa edad (tenía 70). Ante él estaban sus jurados, pero también en su mente estaba la presencia de sus hijas, Virginia (más tarde Sor María Celeste) y Livia (más tarde Sor Arcángela). El estaba casi ciego, por lo tanto, no tenía intenciones --porque estaba impedido-- de escribir más libros. Por lo tanto, dejó que la Iglesia escribiera su último discurso por él; y lo hicieron.

¿Galileo abjurando de su ciencia? ¡Nunca en la vida! La ciencia no puede ser abjurada. La ciencia no se basa en actos de fe. La ciencia no puede ser sujeta a resoluciones y conclusiones de jueces. Los datos científicos experimentales juiciosamente recopilados y analizados no pueden ser negadas. Por lo tanto, la abjuración de Galileo fue posible ... un acto de venganza.

E. Pérez
10/10

Notes:

1. Gerard, J. (1909). Galileo Galilei. La Gran Enciclopedia Católica.

2. Texto de la Abjuración de Galileo. Universidad de Valencia.